La verdad es que cada vez que un informe internacional de esos que hacen por ahí nos incluye en sus estudios, salimos como el anuncio aquel que decía ¿cómo te quedó el ojo forastero? pues la verdad es en este caso, como en tantos otros, nos lo ha dejado bastante mal, hinchado, tumefacto y con visión algo borrosa. Ahí está el bendito PNUP, una especie de dedo indicador o acusador, según se mire y convenga, nada menos que signado por las Naciones Unidas, que pone una vez más el dedo en la llaga, o mejor dicho en varias de las múltiples y descarnadas heridas sociales que tenemos abiertas desde siempre y que no acabamos de cerrar de manera definitiva.
Ahora nos señalan deficiencias serias en la educación, la sanidad y la pobreza y dicen que el gobierno no ha llevado a cabo la tarea que debería en esas importantísimas áreas. Anjá, gran cosa, descubrieron el agua tibia para llover y llover sobre mojado y más mojado. Y ahí están los ministros, como de costumbre, respondiendo rápidos y enfadados diciendo que eso no es así, que son exageraciones, que no tienen conocimiento de la realidad, que fuera nos tienen una campaña de desprestigio con mucha ojeriza, que si esto que si lo otro…, porque no hay nadie mas optimista y miope que un político cuando se está en las mieles del poder, ni más pesimista y crítico que cuando se está en las rabias de la oposición. Seguro que si los informes nos pusieran en buen lugar, estarían maravillosamente hechos, acertados de todo acierto y sus ejecutores serían sabios y científicos dignos del elogio más elogioso.
La verdad es que, salvo para aquilatar la medición en porcentajes y afinar en algunos aspectos, no hace falta ningún estudio internacional para constatar lo que el PNUP y otros nos dicen, aquí lo sabemos de sobra por pura vivencia diaria, basta con salir a la calle y solo unos metros más allá de los cuatro barrios ricos para ver nuestras groseras deficiencias. Cómo es posible que ya echado a andar el Siglo XXI , y medio bautizado un tanto eufemísticamente en el mundo y por estos parajes como la era del conocimiento, un país que presume a cada momento de moderno, de tener túneles, elevados y metros, arrastremos en contraste un vagón tan pesado con más de millón y medio de analfabetos puros, eso sin contar los millones de relativos que escriben o leen con mucha dificultad, o con tantos bachilleres graduados que más bien deberían ser vachilyeres, con la ¨ v ¨ bien baja y una ¨ y ¨ en el medio de esa tan importante palabra.
De la sanidad ¿qué nos puede decir el PNUP que no sepamos en carne propia? vayamos a darnos una vueltita por los hospitales públicos. Ahí están este año el dengue, la malaria, la tuberculosis, la leptospirosis, zumbándole a la manilleta con más fuerza que de costumbre. De la pobreza nos señalan casi un 50%, una cifra que no requiere de muchos comentarios, salvo decir que hay otro 35% que se las ve y desea para llegar con el moro o la simple bandera a fin de mes. Los índices que nos sitúan a nivel internacional son, de manera inapelable, congruentes. En corrupción, en transparencia, en competitividad, en educación general, en matemáticas, en educación cívica y en lo que sea, salimos en los primeros lugares… ¡comenzando por atrás!
Lo que sí deberían servirnos estas investigaciones es para tomar conciencia de quiénes somos, un pueblo con serias deficiencias para subirnos al verdadero tren de la modernidad y que, cosa muy importante y positiva, hay enormes sectores populares que no están dispuestos a quedarse en el andén.
Señores gobernantes, despierten, por favor, despierten. Señores del PNUP, de todos modos gracias por empujar también desde fuera. Aunque tampoco les hagan caso.¡Paciencia!










